viernes, 28 de septiembre de 2012

Segunda Temporada

¿Sabéis esa clase de series que se estrenan en verano y que suelen ser experiencias "piloto" para ver como va la cosa, y que suelen tener pocos episodios por temporada? Pues podéis considerar todo lo escrito aquí hasta ahora eso, la primera toma de contacto, y todo lo que va a venir a continuación, la segunda temporada: la de verdad, la que vale.

La verdad es que me he tomado un descanso bastante largo de esto de escribir un blog, un descanso que se vió alargado por una curiosa situación: siempre que quería volver a escribir aquí, no sentía este blog como mío. No se si os pasará a vosotros pero cuanto más pasa el tiempo más en desacuerdo me encuentro conmigo mismo, y por ende, con las entradas aquí anteriormente escritas. ¿Cómo volver a escribir si al final el tan criticado "Diciembre" de Leiva resultó ser uno de los disco más importantes para mi este año? ¿Como volver a hablar de series si a "Awkward.", a la que tanto defendí, la he dejado en el olvido y seguramente no llegue a recuperar nunca? 

La respuesta, es que quiero contar más cosas, y escribir más cosas. Puede que luego todo caiga en saco roto, pero he visto más cine, he escuchado más música, me han pasado más cosas, y lo más importante, quiero hablar sobre ello, y lo intentaré hacer con más frecuencia. Y bueno, moldeando un poco el dicho: borrón y cuenta vieja. Espero que nos leamos por aquí.

miércoles, 2 de mayo de 2012

#012



Los que me conocen saben que soy una persona pro-entretenimiento. No pertenezco a esa pedante sección de personas que decalifican una obra, bien sea literaria, cinematográfica, televisiva o videojueguil por abandonar las pretensiones formales dramáticas en pos de un mayor espectáculo y diversión. Todos queremos volver a sentirnos niños de vez en cuando, y estas piezas realizan esa función regresiva que en los tiempos que corren se sabe más necesaria que nunca. Estas obras son de consumo rápido, no exigen al receptor un gran esfuerzo intelectual y simplemente proponen pasar un buen rato. Por eso mismo te puedo defender la narrativa de Flann O'Brien o Gilbert K. Chesterton como te puedo contar que disfruto como un idiota cuando me leo las obras de Dan Brown en menos de una semana: no hay aquí ninguna escision lógica, porque un sector no es excluyente del otro. Puedes adorar 'El Padrino' y pasártelo bomba con 'Transformers', no hay que yo sepa ninguna ley escrita o no que lo prohíba, ni siquiera las relativas al gusto, que a todas cuentas son las más ridículas que existen.

Esto viene (o más bien, no viene) al cuento del último y enésimo fenómeno literario-cinematográfico al que hemos asistido durante este último mes, 'Los Juegos del Hambre (The Hunger Games)' adaptación de la homónima novela de Suzzane Collins, y que ha traido todo los que estos booms suelen suponer: récords de taquilla mundiales, sobresaturación de todos los medios con campañas publicitarias, aparición masiva  de gigantescos clubes de fans, reedición del formato literario de la saga, y un largo etcétera que no nombraremos para preservar la salud mental del que suscribe. Con un estreno casi un mes antes al otro lado del charco, el feedback de la crítica que nos iba llegando a este país subdesarrollado culturamente apuntaba claramente en una sola dirección: Los Juegos del Hambre era un sano entretenimiento, una buena  adaptación, y todo lo que un blockbuster debe ser. Nada más lejos de la realidad, si bien Los Juegos del Hambre es una muy buena adaptación de la novela (por lo que se respeta la historia original, y aquí respetar lo diré en clave no de ser fiel al libreto, si no de no plagar esta producción de cambios absurdos), pero falla, precisamente, en ser demasiado fiel a la novela.

Y es que Los Juegos del Hambre es una novela con poco o nada de cinematográfico. Puede que muchos hayan visto en su aire distópico y en la competición que da nombre al libro potencial para fascinar al espectador, pero lo cierto es que el libro funciona por su narración en primera persona, y cuando hacemos el tránsito de una suerte de co-protagonista a un testigo presencial, la experiencia que plantea se cae por su propio peso. Cuando descubrimos el mundo a través de los ojos de su protagonista, Los Juegos del Hambre (novela) funciona, cuando lo contemplamos como un mero espectador, Los Juegos del Hambre (película) nos aburre. 

Es un error considerar que esta adaptación cinematográfica más válida por no llegar a los niveles de ridículo que otras producciones de este corte han alcanzado. De hecho, uno llega a comprender lo problemático de un rodaje que cuentan se convirtió en una pesadilla para un Gary Ross que se ve en todo momento superado por las circunstancias: su discurso cinematográfico es endeble, la cámara es un auténtico sufrimiento para el espectador y poca idea tiene de narrar, midiendo muy mal la cadencia entre las breves y confusas escenas de acción con la eternidad de algunas partes que la novela salva por lo introspectivo de ellas, pero que en la pantalla se hacen interminables. Todo esto aderezado con una dirección artística de auténtica risa, que impide que ni podamos encontrar un mínimo goze estético: el futuro aquí imaginado es hortera, impersonal, rematadamente feo.

Al contrario de lo que parece creen esos pedantes de los que hablaba al comienzo, entretener también es un arte, no vale cualquier cosa, la ausencia de pretensión de drama no garantiza la diversión, y conseguirla tiene el mismo mérito que firmar el más psicológico drama. Los Juegos del Hambre (película) convierte la maravillosa experiencia de ir al cine con una coca cola grande en un tedio, y eso es algo que debería estar penado por la ley. 

martes, 17 de abril de 2012

#011

"Los grandes artistas copian, los genios roban" reza una de las citas más conocidas del genio cubista Pablo Picasso. Esto viene al cuento no por que sea un genio (aunque es algo que siempre he sospechado seriamente), si no de la serie de la que vengo a hablaros hoy, 'Andy Ritcher Controls the Universe', que, si no sois extremedamente lentos, os habréis dado cuenta de que es a la que este blog debe su título.


Andy Ritcher actor de comedia más conocido por su labor de colaborador y guionista en el programa de Conan O'Brien, probó suerte en 2002 en la cadena FOX con una sitcom de escasa fortuna pero de brillante factura. Las dos temporadas y diecinueve episodios que las componen beben de los elementos más tradicionales de las sitcom clásicas y a su vez muestran rasgos de la comedia moderna, unos rasgos que había empezado a tantear ya la tremendamente infravalorada 'Scrubs', pero que no veríamos explotados al máximo hasta un poco después en 'Arrested Development', que prácticamente re-creó el género en si mismo. Podríamos por lo tanto considerar esta serie una suerte de transición que mantiene el tipo a la hora de crear una línea argumental sólida que no ve mucho desarrollo, pero que a su vez saca todo el jugo posible de unos guiones absurdos y desternillantes y de un trabajo interpretativo muy sólido. Los pocos capítulos que existen de esta serie dejan momentos muy memorables, y da la sensación de que la serie fue cancelada justo cuando más cómodos estaban los guionistas.

Otra injusticia televisiva más en la que el público estadounidene no fue capaz de apreciar un humor quizá demasiado inteligente o quizá simplemente demasiado bueno. Una situación que se repite hoy en día, donde las mejores comedias hacen números alarmantemente bajos y donde las vacas sagradas poco o nada nuevo ofrecen. De todas formas, si sois amantes de estas comedias rápidas y absurdas, no puedo dejar de recomendarosla.

miércoles, 21 de marzo de 2012

#010

Hablaba hace ya casi un mes de 'Diciembre', el debut musical de Leiva, la mitad de Pereza, posiblemente el grupo más injustamente denostado del panorama musical español. Un disco que estaba lleno de buenas intenciones y duro trabajo pero que a pesar de ello no terminaba de conseguir esa cohesión y continuidad que un artista siempre debe perseguir. Ruben Pozo, la otra mitad del dúo madrileño, editaba ayer 'Lo Que Más', un disco del que ni se puede decir que tenga buenas intenciones, y que irá, al menos para el que suscribe, directo al olvido de mi papelera de reciclaje.


Decía cuando hablaba de Leiva que el discurso musical se perdía, era demasiado serio, demasiado trágico, demasiado sentimental. Decía que faltaba el contrapunto de Rubén a la hora de darle cuerpo al disco, variedad, el aire desenfadado. Y era exactamente lo que me esperaba de este 'Lo Que Más'. Nada más lejos de la realidad, 'Lo Que Más' es otro trabajo en la misma línea. Engañaba 'Pegatina', el primer sencillo del disco, y posiblemente mejor tema. Lo demás, sobra. Sobra porque parece que no hay trabajo detrás, no notamos la pasión con la que un autor trata a su obra, y si bien se ve el talento musical del madrileño en momentos puntuales, el tránsito desde el primer al último corte se hace entre canciones poco cuidadas y letras que chirrían. Mención aparte merece el apartado vocal, y es que si bien Rubén se defiende en los cortes de Pereza que llevan su firma vocal, en estas doce pistas su descuidado estilo se hace bastante insoportable.

No hay nada en 'Lo Que Más' que merezca la pena más allá de su single. Sabemos que no era una competición, pero no podemos negar que había una especie de morbo en ver quien de los dos perezosos firmaba el mejor disco, pero tendremos que esperar para ver esa competición, porque Rubén ha optado por no presentarse. Musicalmente hablando.